Investigación
Inmadurez y mediocridad: desafíos invisibles para la evolución de la educación
En un ensayo reciente, Agustín de la Herrán Gascón, profesor del Departamento de Pedagogía de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), argumenta cómo la inmadurez social y la mediocridad están limitando la capacidad de la educación para promover una evolución integral del ser humano.
La escalera incompleta simboliza el progreso educativo interrumpido. iStock
En un reciente artículo, publicado en la Revista de la Red Iberoamericana de Pedagogía, Agustín de la Herrán Gascón, profesor del Departamento de Pedagogía de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), desarrolla una tesis tan grave como inadvertida: la inmadurez y mediocridad son procesos predominantes de nuestra sociedad que pueden reconocerse y que no se han incorporado a nuestra educación.
De la Herrán aborda cómo las condiciones de inmadurez y mediocridad personales y sociales, aunque son omnipresentes y perennes, han sido sistemáticamente ignoradas por Ciencias de la Educación como la Pedagogía y la Didáctica General. Esta omisión, sostiene el autor, limita la capacidad del sistema educativo para abordar retos esenciales en la formación del ser humano y de la sociedad.
Como premisa, el estudio argumenta que la educación actual prioriza aspectos externos y tangibles (como los desafíos tecnológicos, económicos, ideológicos o competenciales), mientras descuida factores internos claves, como la conciencia, el ego, la interioridad o la evolución personal.
Inmadurez social y mediocridad
De la Herrán identifica cinco procesos que perpetúan dicha limitación epistemológica: la falta de visión, el apego a lo externo o existencial, la normalización de la dualidad, la fobia a la interiorización y la dificultad para comprender la educación como proceso del que depende la posible evolución humana.
Estos elementos bloquean la educación, haciendo que se centre en la superficie de los fenómenos y dejando de lado cuestiones radicales o esenciales, como la consideración pedagógica de la inmadurez y la mediocridad generalizadas.
El autor describe la inmadurez social como un fenómeno de carácter global que afecta principalmente a los adultos, manifestándose a través del egocentrismo, la falta de responsabilidad, la intolerancia a la frustración y la búsqueda de gratificaciones inmediatas. Esta inmadurez perpetúa la mediocridad, que a su vez se traduce en un desempeño deficiente, tanto a nivel personal como social.
En este contexto, la educación se convierte en un espacio crítico donde estas problemáticas deberían abordarse de manera integral, a través de la formación, incluyéndose en proyectos educativos, programaciones didácticas, guías docentes, proyectos docentes, etc.
Del ego a la conciencia
A través de un ensayo pedagógico con base dialéctica, De la Herrán concluye que, sin reconocer e incorporar la inmadurez y la mediocridad a la vida cotidiana, la investigación y práctica educativas, podrán progresar o desarrollarse externamente, pero no tanto evolucionar significativamente del ego a la conciencia.
Por otro lado, si la Pedagogía o la Didáctica General no aceptan el reto del tándem ego-conciencia, difícilmente cumplirán plenamente su función epistemológica, pues permanecerán en un ‘paradigma newtoniano’ impropio de disciplinas maduras y abiertas a la complejidad. Es decir, serán dimisionarias de una educación plena.
El autor promueve desde hace casi 40 años un “enfoque pedagógico radical e inclusivo”, que fomenta una renovación pedagógica con base en la conciencia y una educación más allá del ego, como pasos fundamentales para superar las limitaciones formativas y existenciales. Asimismo, alerta de que, si el ser humano no atiende ni cultiva su interior desde la educación, las sociedades podrían enfrentarse a graves consecuencias, incluida la posibilidad de estancamiento evolutivo (educativo) o fracaso como especie.
De la Herrán concluye con una metáfora impactante: “la educación y la sociedad actuales navegan como el Titanic: hacia un mar plagado de icebergs y sin prismáticos, donde el mayor peligro radica en la falta de visión o de conciencia para detectarlos, autocriticarse y rectificar a tiempo”. Ante esta realidad, el “enfoque pedagógico radical e inclusivo” persuade de que los icebergs más relevantes de ver y afrontar son los interiores.
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Referencia bibliográfica:
De la Herrán Gascón, A. (2025). La inmadurez y mediocridad de nuestra sociedad como contexto educativo invisible. Revista de la Red Iberoamericana de Pedagogía, 14(1), 23-40. https://revista.redipe.org/index.php/1/article/view/2197 ISSN 2256-1536.
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